Él ha decidido zarpar hacia su país, pero la única manera de hacerlo era llegando a ser parte de la tripulación de algún buque... Dejando el puerto observa la puesta del dorado atardecer
Las aguas permanecieron tranquilas los primeros días, pero al cuarto día el viento empieza a azotar fuerte, el mar se exalta y la tripulación extiende las velas. El sube al punto más alto del barco, era su turno en el puesto de observación.
Esa noche el agua estuvo furiosa, y la tripulación debajo de él, trabajó frenéticamente por mantener el barco en la ruta correcta.
Con la luna en lo más alto, las olas eran claramente visibles, aquella noche el miedo se apoderó de los viajeros de mar con poca experiencia como él, sin embargo, tomó fuerzas y se inundó de alegría, por saberse a unas horas del reencuentro con su amada.
De hecho, a la mañana siguiente, el amanecer fue fantástico y trajo los primeros atisbos de tierra, las aguas estuvieron tranquilas y el maltratado barco entró en puerto. Desde el puesto de observación, pudo ver una cara familiar esperándolo en el muelle...

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